En Frog in Boiling Water (2024), DIIV parecía tocar desde una habitación que se estaba quedando sin oxígeno. Las guitarras avanzaban cubiertas de distorsión, las canciones cargaban con una sensación de derrumbe y el título resumía bastante bien el clima de aquellos días: seguir viviendo mientras todo alrededor se calienta. Seis días después de publicar su quinto álbum, la banda de Brooklyn vuelve a ese paisaje, pero esta vez abre las ventanas. ZIRP! conserva la tensión que hizo reconocible a DIIV y la coloca frente a una sensibilidad pop que hace unos años habría parecido improbable.
El disco llegó el 30 de octubre a través de Fantasy Recordings, con producción de A. G. Cook, una figura central del pop electrónico contemporáneo por su trabajo con Charli XCX y Caroline Polachek. La combinación tiene sentido más allá del titular atractivo: DIIV lleva años trabajando con melodías que se esconden detrás de capas de guitarra, mientras Cook entiende cómo convertir un detalle sonoro en un gancho que se queda dando vueltas. En ZIRP!, ambas formas de pensar se encuentran en un punto bastante más luminoso, aunque las letras sigan mirando hacia un mundo en crisis.
Un título financiero para hablar de un mundo que se quedó sin freno
ZIRP es la sigla de Zero Interest Rate Policy, el nombre que reciben las políticas de tasas de interés cercanas a cero. DIIV toma ese término económico y lo convierte en una especie de diagnóstico cultural: el entusiasmo por el crecimiento infinito, las empresas tecnológicas que prometen cambiarlo todo, la vida convertida en datos y una industria musical que mide su salud en reproducciones. La banda lo presenta como parte de una idea que llama The New Alternative, una etiqueta deliberadamente exagerada para un disco que quiere recuperar la palabra «alternativo» en medio de un mercado donde casi todo termina organizado por algoritmos.
La campaña visual también juega con esa idea. Zachary Cole Smith y sus compañeros aparecieron con camisas, corbatas y una imagen de ejecutivos que parecen haber salido de una oficina justo después de una caída bursátil. El humor es importante: DIIV se apropia del lenguaje corporativo para exhibir lo absurdo de sus promesas. En una entrevista con The Guardian, Smith explicó que la banda estaba construyendo por primera vez un lenguaje visual alrededor de su ropa y describió esa estética como la de un personaje de la recesión y el desplome financiero.
A. G. Cook entendió que el sonido de DIIV estaba en las guitarras
La participación de Cook podía hacer pensar en una reconstrucción electrónica del grupo. El resultado es más interesante: el productor se acercó a DIIV desde su sonido en directo. Según explicó en el anuncio oficial del álbum, asistió a sus conciertos, pidió grabar baterías en vivo antes de que varias canciones estuvieran terminadas y dedicó tiempo a registrar guitarras con pedales específicos. También procuró pasar menos tiempo frente a la computadora de lo que acostumbra. La producción busca movimiento y brillo, pero conserva el peso físico de cuatro músicos tocando juntos.
«The Fountain» abre el álbum con esa mezcla: una guitarra que parece arrastrar una nube de electricidad y un pulso rítmico mucho más directo que el de buena parte de Frog in Boiling Water. «Dare Me» empuja las guitarras hacia un terreno más filoso, mientras «Underground» encuentra espacio para que el ruido y los detalles electrónicos convivan sin estorbarse. La diferencia está en la claridad de las canciones. Las melodías llegan antes, los estribillos tienen más presencia y la producción deja ver elementos que antes podían quedar sepultados bajo la bruma.
El giro se nota con mayor claridad en «Trillions», probablemente el momento más abiertamente pop del repertorio. La voz de Smith aparece procesada y la canción convierte el deseo de acumular dinero, propiedades y objetos en una imagen tan brillante como vacía. El estribillo tiene una ligereza casi provocadora, pero la letra observa el mismo mecanismo de insatisfacción que atraviesa el concepto del álbum. Cook no disfraza el tema de una canción de rock: lo lleva hacia un pop extraño, pegajoso y un poco incómodo.
La catástrofe sigue ahí, pero aparece otra forma de mirar
El cambio de tono no significa que DIIV haya abandonado sus imágenes de desastre. «When the Glow Came for Us» vuelve a los incendios y a la amenaza de un estado de emergencia; «Evangelizer» imagina un paisaje donde las grandes compañías tecnológicas y farmacéuticas parecen administrar hasta la forma de sobrevivir. El vocabulario sigue siendo oscuro, aunque la música tenga más color. Esa tensión hace que el álbum funcione mejor cuando permite que ambas cosas permanezcan juntas: melodías luminosas para describir un presente bastante turbio.
La historia reciente de Smith también atraviesa esa mirada. En enero de 2025, su familia perdió su casa de Altadena durante los incendios de Los Ángeles. La banda retomó el trabajo en el disco después de aquel episodio y «My Star» conserva una dimensión distinta: es una canción ligada a la paternidad y a la responsabilidad de construir un entorno seguro para sus hijos. En la entrevista con The Guardian, Smith habló del proceso de reconstrucción y del apoyo que recibió de su comunidad. Ese contexto no explica cada canción, pero ayuda a entender por qué el álbum puede pasar de la sátira económica a una emoción mucho más íntima.
Una reinvención que todavía tiene bordes
ZIRP! tiene once canciones y dura poco más de cuarenta minutos. Su recorrido es ágil y, por momentos, deliberadamente accesible. Esa decisión también tiene riesgos. En algunos pasajes, el brillo pop acerca a DIIV a fórmulas que ya conocemos; «Kid» y «The Crash» pueden recordar a otros nombres del rock alternativo y el pop independiente. La reseña de Pitchfork señala precisamente esa tensión: el cambio de dirección abre posibilidades, aunque algunas referencias externas resten singularidad a ciertos momentos.
La observación no invalida el movimiento. Los mejores instantes del disco aparecen cuando la producción de Cook ilumina las guitarras en lugar de sustituirlas, y cuando DIIV deja que su propia personalidad se cuele entre los ganchos pop. La banda no necesita convertirse en un proyecto electrónico para probar otra velocidad; le basta con cambiar el modo en que organiza sus recursos. Ahí están la distorsión, la melancolía y esa sensación de estar mirando el mundo desde un lugar ligeramente apartado, ahora acompañadas por canciones que buscan llegar más lejos.
En Frog in Boiling Water, DIIV describía un mundo que parecía condenado a consumirse lentamente. En ZIRP!, la banda se permite imaginar qué podría construirse después. El resultado no es una transformación perfecta ni una ruptura total con su pasado. Es un disco de transición con momentos muy logrados, algunas apuestas discutibles y una energía nueva que le sienta bien a un grupo que lleva más de una década explorando los límites de su propio sonido.
Escucha ZIRP! completo:
Para ampliar: anuncio y detalles de producción de Fantasy Recordings / Concord, entrevista de The Guardian con Zachary Cole Smith y reseña de Pitchfork.
Fotografía: David Maynard / WikiPortraits, bajo licencia CC BY-SA 4.0. Imagen recortada y adaptada editorialmente por Louder. Consultar licencia.
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