The Strokes ya no son la banda de 2001… y quizá nunca debimos esperar que lo siguieran siendo

Con Reality Awaits, la banda vuelve a hacer lo que siempre ha hecho: seguir su propio camino. La reacción de muchos fans, en cambio, demuestra que hay grupos a los que nunca se les permite envejecer.

 

Hay bandas que pasan los años intentando recuperar la fórmula que alguna vez las hizo grandes.

The Strokes parece haber tomado la decisión contraria.

En lugar de perseguir el sonido que convirtió a Is This It en uno de los discos más importantes de este siglo, Julian Casablancas y compañía siguen moviéndose hacia donde les da la gana. Lo hicieron con Angles, lo hicieron con Comedown Machine, volvieron a hacerlo en The New Abnormal y ahora lo repiten con Reality Awaits.

Lo curioso es que cada vez que eso ocurre, la reacción termina siendo prácticamente la misma.

“Ya no suenan como antes.”

La frase lleva más de veinte años persiguiendo a la banda.

Y quizá nunca había tenido tan poco sentido como ahora.

El tiempo pasó para todos… menos para la imagen que muchos conservan de The Strokes

Cuando Is This It salió en 2001, Julian Casablancas tenía apenas 23 años. Albert Hammond Jr., Nick Valensi, Nikolai Fraiture y Fabrizio Moretti también estaban en los primeros años de sus veinte.

Hoy la historia es muy distinta.

Casablancas tiene 47 años; Hammond Jr. y Valensi, 48; Fraiture, 47, y Moretti, 46.

Han vivido divorcios, proyectos alternos, giras interminables, paternidad, adicciones, rehabilitación y todo lo que implica sostener una carrera durante más de dos décadas.

Sería extraño que siguieran escribiendo como aquellos jóvenes que ensayaban en un sótano de Nueva York.

Sin embargo, una parte del público parece seguir esperando exactamente eso.

El autotune no es un error; es una decisión

Si hay algo que ha llamado la atención en Reality Awaits es el tratamiento que recibe la voz de Julian Casablancas.

El autotune aparece constantemente y, en algunos momentos, ocupa un lugar tan protagonista como las guitarras.

Las primeras reacciones no tardaron en llegar. Hay quienes consideran que ese procesamiento rompe con la identidad clásica de The Strokes. Otros ven una continuidad lógica con el trabajo que Casablancas ha desarrollado desde hace años con The Voidz, donde la manipulación de la voz forma parte de su sello creativo.

Lo importante es entender que no se trata de un recurso para esconder limitaciones vocales.

Casablancas lleva más de una década utilizando ese tipo de efectos porque le interesa explorar otras texturas. Puede gustar o desesperar, pero es evidente que responde a una intención artística y no a una moda pasajera.

Rick Rubin entendió que mirar hacia atrás no era la respuesta

Rick Rubin volvió a producir el álbum después de colaborar con la banda en The New Abnormal.

Muchos esperaban que esa reunión trajera un regreso al sonido más crudo de los primeros discos.

No ocurrió.

Y probablemente tampoco era la intención.

Durante las sesiones de grabación, que comenzaron en Costa Rica y continuaron en distintos lugares del mundo, Rubin dejó espacio para que la personalidad actual de la banda marcara el rumbo del disco, en lugar de convertir el estudio en una fábrica de nostalgia.

Eso también explica por qué Reality Awaits suena tan diferente de lo que algunos esperaban.

Tal vez llevamos años escuchando el recuerdo y no a la banda

Existe una enorme diferencia entre decir que un disco no te convence y exigir que una banda permanezca congelada en el tiempo.

Con The Strokes esa línea suele desaparecer.

Cada lanzamiento vuelve a medirse con la misma regla: Is This It.

Como si todo lo que vino después hubiera nacido con la obligación de superar un álbum que cambió el rock hace 25 años.

Es una expectativa imposible.

No porque The Strokes haya perdido talento.

Sino porque ninguna banda puede competir eternamente contra el momento más icónico de su propia historia.

La nostalgia también puede convertirse en un límite

Resulta paradójico.

Muchos celebran que artistas como David Bowie, Radiohead o Arctic Monkeys hayan tenido el valor de cambiar cuando sintieron que era necesario.

Pero cuando The Strokes hace lo mismo, las reacciones suelen ir en otra dirección.

De pronto, evolucionar parece convertirse en un defecto.

Quizá porque, más que escuchar canciones nuevas, seguimos buscando la sensación que nos produjo descubrir a la banda cuando teníamos otra edad, otros problemas y otra forma de entender la música.

Y eso es algo que ningún disco puede devolver.

La pregunta sigue abierta

No hace falta que Reality Awaits sea el mejor álbum de The Strokes.

Tampoco tiene que parecerse a Is This It para justificar su existencia.

Lo realmente interesante es preguntarnos cuánto de nuestra opinión pertenece al disco… y cuánto pertenece al recuerdo que llevamos más de dos décadas alimentando.

Porque The Strokes ya aceptó que el tiempo pasa.

Quizá quienes todavía no lo aceptan son muchos de sus propios seguidores.

 

 

 

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